Haciendo el ridículo en Punto Valle

Actualizado: 27 de mar de 2020

Cuenta la leyenda que en el siglo pasado había un lugar, atrás de donde ahora es Fashion Drive, aquí en San Pedro, que se llamaba Plaza Fiesta San Agustín. ¡Qué nombre tan chistoso! ¿Por qué “plaza”? ¿Por qué “fiesta”? Bueno, lo que quiero platicarles es que en aquel entonces, mi abuela llevaba a mamá de chica a ese lugar. Iban de compras y luego mamá se quedaba en el cine con sus amigas del Mater y así.


Obviamente ya nadie hace eso.


Punto Valle está divino.

Nosotras vamos a lugares nuevos y divertidos como Punto Valle. Me encantan sus tiendas y, la verdad, me la pasé delicioso el otro día que fui al cine VIP a ver la película de Downton Abbey. Me siento tan identificada con Lady Mary Crawley porque ¡es tan yo! Arreglándome divina para bajar a cenar con mis papás y mi hermana, mientras le pido a mi muchacha que…¡bueno!...basta de divagar, lo que quiero es platicarles algo muy serio que viví en Punto Valle.

¡Lady Mary Crawley es tan como yo!

El papá de Ana Karen, mi amiga, compró unas oficinas allí en Punto Valle y fuimos al otro día a conocerlas porque ella y yo queremos ocupar un espacio allí para nuestro negocio de RP que estamos iniciando. Ya que vimos el lugar, nos bajamos a tomar un café a Starbucks Reserve para platicar y hacer un poco de tiempo antes de esperar a otras amigas con quienes cenaríamos esa noche porque era el martecitos.

Yo prefiero Starbucks Reserve.

A ver, antes que nada, voy a poner un par de puntos sobre la mesa para evitar confusiones y entender cómo funcionan las cosas. A Punto Valle te trae tu chofer y, en el peor de los casos, si está ocupado con las vueltas del negocio de tu papá, te vienes en tu Mercedes tranquila y sin prisas. Si tienes que venir manejando toda apurada y a la carrera desde no sé qué lugares súper lejanos, o peor, trepada en un Uber al pendiente de la aplicación para estar segura de que el tipo que te trae no te lleve a otro lugar porque no tiene ni idea de dónde anda, ¡no tienes nada que hacer en Punto Valle! Ni siquiera voy a perder mi tiempo hablando de las que viajan en el transporte colectivo.

Tiendas lindas, restaurantes buenos y todo como me gusta.

Tenemos que entender algo que es súper básico. Punto Valle es un Town Center lindo y casual que sirve de espacio de relajación, entretenimiento y convivencia para quienes vivimos por el rumbo ¿vale? A las personas que viven en otros sitios les ponen sus parques y estadios para que se la pasen bruto allá. No tienen que “viajar” hasta acá para “conocer” ni porque “está bien padre” el lugar. Por piedad, San Pedro no es un destino para peregrinos.


Esto se los digo porque tuve una experiencia muy desagradable con unas tipas que estaban en Punto Valle, esa tarde-noche que me la pasé con Ana Karen y nuestras amigas. La verdad, hasta me parece que nos estaban persiguiendo, como nos vieron súper lindas, bien arregladas y conocedoras de todo, supongo que querían aprender de nosotras. Digo, gracias por admirarnos tanto, pero no somos sus maestras de etiqueta y buen gusto. ¡Déjenos en paz!


Total, que esas chavas estaban en Starbucks Reserve hablando en voz súper alta, con unas risotadas como de bruja, según ellas pasandola genial. Imagínate: eran tres, todas súper maquilladas con unos brillos muy extraños y vestidas con todas las marcas (seguramente fake) que te puedas imaginar, traían uñas largas como garras de águila pintadas ¡con dibujos estampados! Ay no, las veías y te daba un susto de muerte. Creo que es el tipo de persona a la que llaman “buchona” o algo así. Según ellas muy hermosas y lo único que estaban haciendo era el ridículo de sus vidas en Punto Valle.

Los precios nunca se preguntan.

Saliendo del cafecito, nos fuimos a Sephora a comprar unas cosas que nos hacían falta y ¡que se aparecen las viejas raras, allí en la tienda! Ana Karen y yo nos quedamos heladas cuando escuchamos a una de ellas preguntar a la dependienta:


– Y éstas sombras ¿cuánto cuestan, chica?


¡¿”Chica”?! A ver reina, en primerísimo lugar, si tienes que preguntar el precio de algo, te tengo una noticia: ¡no puedes pagarlo! Todas las cosas que quieres comprar, se piden, los empleados las reúnen, hacen la cuenta y al final te dicen el total para que pagues con tu American Express Black y salgas cargada de tus bolsas de compras. Nada de “cuánto-cuesta-chica”.


Yo quería ir a Victoria’s Secrets a ver novedades, pero no me atreví. Le dije a Ana Karen que ni de broma iba a comprar algo allí para que luego las tipas entraran y vieran mis intimidades. ¡Ni muerta! Capaz que luego me van a copiar y ya no me van a gustar las mismas cosas.

Martecitos en The Cheesecake Factory

Más tarde entramos a The Cheesecake Factory donde ya nos esperaban las de los martecitos y ¡adivina qué!, las buchonas esas entraron como chacalacas detrás de nosotras. ¡Qué horror! Me daba un miedo espantoso que alguien fuera a pensar que venían a nuestra mesa. Yo, para que quedara claro lo que pensaba de ellas, le pregunté a la hostess si tenía un analgésico.


–Es que hay mucho escándalo y gritos, por eso me duele la cabeza –dije en voz suficientemente alta para que me escucharan las viejas.


De inmediato que nos sentamos, advertimos a nuestras amigas sobre ese grupito de indeseables que habían quedado cerca de nuestra mesa. ¡Para que ni las vieran! Luego nos pusimos a comentar lo desesperante es tener que tolerar a ese tipo de personas en los sitios donde nosotros nos reunimos. Yo creo que le voy a decir a Mickey Treviño que haga algo al respecto. (Para los despistados: mi amigo Mickey de toda la vida, es alcalde de San Pedro, gracias.)


Es que deberían pedir identificación cuando entres a Punto Valle o a otros de nuestros lugares favoritos. Si tu código postal es diferente, nos reservamos el derecho de admisión.


¡Mickey, ponte las pilas y hazlo por nuestro bien!


¡Seguimos en contacto! Rebeca


La historia, situaciones, todos los nombres, personajes e incidentes retratados en esta obra son ficticios. Sin identificación con personas reales (viva o muerta), lugares, edificios o productos. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

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