Tenemos que hablar del sobrepeso

Ahora que el planeta entero está enclaustrado, las personas se la pasan pegadas al refrigerador.


En la época en que vivíamos en las calles, paseando, vaciando las tiendas con nuestras compras, llenando los restaurantes con nuestra presencia y viendo todas las películas que podíamos en las salas VIP de nuestra preferencia, cuidábamos mucho nuestra presencia, talla y figura porque estábamos bajo la mirada vigilante y el juicio de todas las personas que nos rodeaban.

Mujer de compras, ilustración.
Antes estábamos a la vista de todos.

A estas alturas de la cuarentena, aquella época parece haber sido ¡hace siglos!


Pero como ahora se la pasan encerrados en sus casas, viendo cómo se seca la pintura de las paredes y contando las veces que giran por minuto las aspas de un ventilador las personas se la pasan comiendo más que nunca.

Cocina elegante, refrigerador señalado.
¡No te hagas! Te la pasas donde marca la flecha roja.

Este fenómeno ocurre por dos razones principales. La primera es porque psicológicamente sienten que necesitan “aprovechar” ahora que tienen alimentos y prepararse para una posible crisis económica del futuro. La segunda porque ¡están desmayándose de aburrimiento!


En ambos casos, se debe hacer conciencia de estos fenómenos para evitar caer en los extremos desesperantes y destructivos a los que muchos se están entregando sin pudor ni precaución. El otro día vi el Instagram de una conocida del Mater quien aparecía en la cocina de su casa y, detrás de ella y muy mal escondidos, como un millón de “cupcakes” listos para ser devorados.


Gorda ¡te estamos viendo!

Cupcakes
¡¿Te vas a tragar todos los cupcakes?!

No porque estés encerrada sin ser vista en persona, tienes permiso de devorar el mundo entero como si no hubiera un mañana. Algún día se va a acabar la cuarentena y vas a salir a la calle más redonda que la luna y ya nadie te va a querer.


Un tema polémico


Esto me lleva a un tema del que nadie quiere hablar pero que es más cierto que el aire que respiras. El trato que las personas dan a los gordos. “¡No les digas así, Rebeca! Son personas con sobrepeso.” dirán los más hipócritas, aquellos que en público se expresan en términos políticamente correctos y en privado usan apelativos para referirse a otros, tan horrorosos y humillantes, que no me atrevo a repetir.

Dos jóvenes chismeando.
Sé perfectamente cómo les dices en privado a los gordos.

En nuestra cultura, el sobrepeso y la franca obesidad son vistos como graves defectos que opacan o neutralizan cualquier otra cualidad que la persona pueda tener. Imagínate que tienes un amigo de buenas familias de toda la vida, guapo, atlético, con maestría en el extranjero, joven y soltero. Entonces le quieres hacer un “date” con una pariente tuya. La chava en cuestión es hija de tus tíos millonarios, habla tres idiomas, tiene un exquisito buen gusto para vestir, blanca de ojos claros (no te hagas, eso también cuenta), una plática más que interesante y pesa 115 kilos.


¿Te digo algo? Tu amigo no va a querer salir con ella ni al Seven Eleven a comprar un bote de agua. Si te molesta, leer esto, es porque es verdad.

Modelo obesa.
"¿Quieres salir con mi prima? Es blanca de ojos claros.

Tenemos otras pruebas del rechazo que, consciente o inconscientemente, se tiene a la obesidad. Los Instagram de galanes sin camisa con un torso atlético con los músculos abdominales bien marcados o de chavas con 60 centímetros de cintura, se llenan de miles de seguidores y millones de likes.

Modelo atlético.
Si él te siguiera en Instagram ¿no le darías millones de likes?

Pero las personas obesas tienden a tomarse muchas menos fotografías que las personas delgadas o, si lo hacen, solamente se atreven a capturar acercamientos del rostro en ángulos favorecedores. Si alguien les toma fotografías en un grupo, las gorditas se esconden detrás de otras personas o quitan de inmediato las posibles etiquetas que alguien les haya puesto en las fotografías publicadas en redes sociales de otros.


Falta de apoyo emocional y una sociedad que no ayuda


Por eso los médicos bariatras, esos que te operan y te extirpan el estómago para bajar de peso, se están haciendo millonarios. Procedimiento que, por cierto, tiene sus riesgos y desventajas. En primer lugar, los pacientes se pueden morir de desnutrición o de anemia si no se alimentan correctamente después de la operación y, por otro lado, si no la complementan con ayuda psicológica o psiquiátrica, terminan engordando otra vez, con graves consecuencias a la salud.

Mariah Carrey gorda y flaca.
Ni se te ocurra creer que esto es verdad.

A ver, no estoy diciendo que los gordos sean malas personas. Lo que nos tiene que quedar claro es que sufren mucho y que los discriminan hasta niveles insospechados. A un hombre gordo se le puede decir que es inteligente, diferente, original, muy estudioso o, lo peor: “¡es muy buena gente!” Pero no te casas con él. A una mujer gorda le dices que es buena amiga, amable, ocurrente o, lo peor: “¡es super alegre y simpática!” Pero no la llevas a una fiesta en casa de los Garza Sada.


No señores, no son “buenas gentes”, ni “alegres” ni “simpáticos”. Son personas como todos, con defectos y virtudes pero con una grave diferencia: ¡sufren mucho más!


En realidad vivimos en una sociedad súper destructiva. Por un lado tenemos al alcance de la mano toneladas de alimentos chatarras que te van a inflar más que a una pelota gigante de playa y por otro lado las tiendas venden ropa talla cero, Anahí, anoréxica y santa muerte. Si no cabes en alguna de estas cuatro tallas, no podrás comprar ropa de marca o a la moda.

Modelo adolescente.
Si no eres talla cero ¡los diseñadores no están pensando en ti!

Si crees que soy muy ruda o severa con lo que estoy diciendo, te tengo una noticia: es más rudo y severo el mundo real. Pero como nadie se atreve a hablar derecho de este tema y justifican o hacen como que el sobrepeso no existe, las personas que lo padecen siguen engordando sin parar hasta que mueren de hipertensión, diabetes o problemas cardíacos.


Así que quizá sea buena idea utilizar la cuarentena para adquirir buenos hábitos alimenticios, hacer ejercicio y mejorar tu salud y estilo de vida.


¡Suelta esa bolsa de papas fritas, por piedad!

Persona comiendo papas fritas.
¡Ni cómo ayudarte! 🤦🏻‍♀️

La historia, situaciones, todos los nombres, personajes e incidentes retratados en esta obra son ficticios. Sin identificación con personas reales (viva o muerta), lugares, edificios o productos. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

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