2020 fue un año "diferente" ¡pero ya terminó!

Todos se están quejando del año 2020. Sin embargo, para superar con éxito los recientes acontecimientos, hay dos “NO” y dos “SÍ” que deberíamos tomar en cuenta.


No al uso de adjetivos apocalípticos

En medio de la pandemia por el coronavirus, me negué rotundamente a aplicarle al año 2020 otro adjetivo que no fuera “diferente”.


Es cierto que ha habido mucho sufrimiento en todo el mundo y que nos hemos estado enfrentando a acontecimientos históricos tan trascendentes, que no alcanzaremos a dimensionarlos hasta que tengamos la perspectiva del tiempo.


Sin embargo, ver el lado positivo de las cosas no nos convierte en ingenuos optimistas. Es una elección. Aún si hemos perdido a seres muy cercanos y queridos en estos tiempos, podemos elegir hacer recuento de lo positivo que tenemos en la vida.


Es una realidad irrefutable que, cualquiera que esté leyendo estas líneas, ¡está con vida! Y tiene la salud y el tiempo necesarios para relajarse en internet. Las oportunidades solo terminan cuando llega la muerte así que es mejor hacer una respiración muy profunda…¡y a disfrutar del placer de vivir!


No al recuento de los daños

Los medios de comunicación tradicionales, así como las redes sociales y portales de noticias en internet, nos están bombardeando todo el día con cifras de contagios, hospitalizaciones, muertes y otro montón de horrores. Y esto trae dos consecuencias negativas.


La primera es que uno empieza a perder la capacidad de asombro y de consciencia. Pareciera que 100 muertos y 999 muertos son casi lo mismo. La insensibilidad se apodera de la mente y hasta se puede pensar que “los enfermos y los muertos siempre son otros y están muy lejos”. Esto nos expone mucho a los contagios.


Pero después, ya no se escucha absolutamente nada. La mente elige dejar las noticias de la pandemia “como música de fondo” y solo escucha lo novedoso o lo que la distrae. Como sucede a quienes viven cerca de las vías del tren: en menos tiempo de lo que imagina, se deja de escuchar el silbato de las locomotoras. Esto nos termina por robar toda empatía.


Así las cosas, es mejor no hacer un recuento estricto y exacto de los daños. Es preferible informarse semanal o quincenalmente, de un modo consciente. Y esa energía gastada en estar pensando en listas de números, mejor enfocarla en la prevención y la protección de nuestros entornos.


Sí a la Lista del Equilibrio

Para balancear las noticias o acontecimientos negativos, hay una estrategia muy sencilla que funciona bastante bien. La llamo la Lista del Equilibrio y es muy sencillo llevarla a cabo. Puede ser escrita a mano, en el celular o incluso solo en la mente. Lo importante es aplicarla sobre todo en momentos en que la angustia pudiera estar elevándose.


Esta lista debe tener dos columnas, una a la izquierda de la página y otra a la derecha. Luego, si, por ejemplo, hacer Home Office hace a alguien sentirse muy encerrado, o si el homeschooling provoca extrañar terriblemente a los compañeros de la escuela, se anotará el hecho con su correspondiente sentimiento del lado izquierdo.


Inmediatamente después, en la columna del lado derecho, hay que escribir algo positivo que ese mismo hecho nos haya dejado en la vida. En el caso del Home Office se puede poner que “se ahorra mucha gasolina” o “se come en familia todos los días”. Los estudiantes que permanecen en casas quizá escriban que “hay más cercanía de la familia” o “las clases parecen menos tediosas”.


Hasta en las situaciones más extremas, es posible hacer un balance en la Lista del Equilibrio. Frente a “Me enfermé de coronavirus y me dio miedo” podrá estar “Me recuperé completamente de la enfermedad y aprecio más la vida”. Lo importante es mantener la mente muy enfocada en lo que sí se tiene y en todo lo positivo, es decir, en la columna del lado derecho de nuestra lista.


Sí a reinventarse

Una de las grandes ventajas, que muchos eligen no ver, al estar en cuarentena o en relativo confinamiento, es que hay mucho tiempo para estar con uno mismo y para la reflexión.


Antes, la prisa de la vida cotidiana y la insaciable tiranía de nuestras agendas, nos impedían pensar en nosotros mismos, en nuestros gustos, aficiones, sueños, planes y proyectos.


Ahora que, temporalmente, no hemos podido ir cada dos días de compras o a fiestas y conciertos los fines de semana, tenemos tiempo para pensar y planear.


Pensar si nuestros objetivos de vida son claros o simplemente vamos navegando a donde el viento lleva nuestro barco; si nos gustaría aprender un nuevo oficio o emprender un nuevo negocio. ¿Cómo nos vemos a nosotros mismos en el futuro?


Nada está escrito en piedra. Imaginemos a alguien que se dedique actualmente a la contabilidad y esté trabajando a distancia desde su casa. Quizá esa misma persona, con más tiempo a su disposición, ahora decida aprender a cocinar algo tan delicioso que termine haciendo un próspero modo de vida con ello.


Nada es eterno

Cuando pareciera que las cosas ya nos rebasan, es muy importante tener muy claro que todo pasa en la vida. Todo tiene un final. TODO.


No hay acontecimiento, pandemia, dolor, sufrimiento, depresión o situación específica que sea permanente.


La contingencia sanitaria va a terminar sí o sí. Tarde o temprano. No cabe la menor duda. Y la sola idea nos puede hacer sonreír. Siempre hay un mañana más brillante que nos espera a todos y que vamos a disfrutar.


¡Se acabó 2020!



Ahora te toca opinar


¿Cómo te fue en el año que recién termina? ¿Cómo piensas que viene el 2021?


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